Una vara de almendro

Por Mons. Pablo Galimberti

Mons. Pablo Galimberti


Nuestra vida, rebelde a la monotonía de los relojes y la regularidad de los calendarios, está salpicada por sorpresas y lo que parecía “nuevo” se evapora. Aprovechar estas “crisis” tomando el timón en las tormentas exige una mirada perspicaz capaz de descifrar mensajes. “Toda crisis -decía Churchill- es mitad un fracaso y mitad una oportunidad”.
A veces emerge algo que el ritmo ajetreado impedía descifrar. Otras, como consecuencia de una enfermedad o un paro obligado que altera bruscamente la rutina nos “cae la ficha”. Suele ocurrir también que descubrimos tímidamente como un “luz del cielo”. Otras veces el disparador puede ser una página literaria. Los caminos confluyen y cada uno elige y arriesga un significado.
El último libro del escritor salteño invita y estimula, en clave simbólica, no ideológica ni dogmática, a olfatear huellas y soñar tesoros escondidos. El texto atrae a medida que propone imágenes que son las claves para descubrir paisajes que parecían olvidados. Más que aciertos literarios, que dejo a los especialistas, pretendo señalar un conjunto de perlas de sabiduría que, a medida que las rumiamos, despiertan luminosas preguntas. Los símbolos son la manera más respetuosa de compartir preguntas. Jesús se sirvió mucho de parábolas.
El título “Una vara de almendro” es sugerente. El fruto del almendro proporciona aceite y es fuente de luz. Como primer árbol en florecer el almendro es símbolo de la vigilancia y emblema del vigilante. En la tradición judía las lámparas del candelabro estaban encendidas durante la noche y por eso merecían el nombre de vigía.
Infelizmente hemos empobrecido la palabra “vigilar”, que viene de “velar”, estar sin dormir, avizorar, escudriñar, custodiar evitando eventuales daños o perjuicios. Acompañar a un padre, madre, hijos, familiares… enfermos durante la noche. Cuidar es también prever e investigar, como lo hemos comprobado en los investigadores del Covid-19.
“Centinela dormido. Vanguardia de los enemigos. Conquistado por anticipado, pues tu dormir es un negarte a ser ligado permanentemente por la ciudad, y una espera de muda y un abrirte a la simiente” (St. Exupéry: Ciudadela).
Necesitamos recuperar este buen hábito cuando nos aturden las “últimas noticias”. Una vez interrogaron al escritor francés León Bloy sobre sus lecturas preferidas y respondió: “cuando quiero conocer las últimas noticias leo el Apocalipsis”. Y Jorge Luis Borges decía: “Nada hay tan actual como Homero (S. VIII A.C.) y tan obsoleto como el diario de ayer”.
Características del libro
Cada uno de los 77 capítulos, son relatos breves, algunos de media página, independientes entre sí pero suficientes para inquietar. Es el estilo aplicado por Sócrates (su madre era partera), la “mayéutica”, empleado por él para plantear preguntas y estimular respuestas. La palabra, vinculada con la obstetricia, significa “hacer parir”, dar a luz. Ayudar a pensar es el mejor mérito de un docente. Entre pensar y parir existe una secreta conexión.
El hilo conductor del último libro de Garet me animo a decir, intenta despertarnos, interpelar, mediante situaciones a veces absurdas, invitando al lector a buscar respuestas. Cada página es como un laberinto o rompecabezas. Si nos animamos a entrar casi seguro ensancharemos el horizonte. Un mismo relato puede despertar distintas interpretaciones según la avidez o serenidad de cada lector.

 

Publicado el jueves 4 de Marzo de 2021 en Diario Cambio

       
 

 

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