SALTO Y ENRIQUE AMORIM 

 

ENRIQUE AMORIM

 

Salto, capital departamental en el litoral norte del Uruguay, limítrofe con Argentina y distante 120 kilómetros de la frontera con Brasil; pequeña ciudad con 30.000 habitantes en 1900, es lugar de privilegio de las letras uruguayas. Con el patronazgo de Horacio Quiroga, con voces líricas no aquilatadas en su justo valor; y con escritores que esperan la hora de su confirmación después de azarosa trayectoria creadora -Adolfo Montiel Ballesteros, Carlos María Princivalle y José María Delgado-, Salto tuvo en Amorim uno de sus más preclaros intérpretes.

Amorim, por su parte, quiso ser salteño; lo dicen su obra y sus confesiones. Hay amores que incluyen acatamiento y serenidad y otros que se resuelven en constante lucha. Amorim, que además de escritor fue un hombre de acción, estuvo en permanente pugna con la pacatería del ambiente provinciano.

Salto en 1900; joven, orgullosa y próspera ciudad. Con un ejido empedrado, plazas y casas señoriales, cinturón de quintas y naranjales, un saladero y un astillero, teatro Ateneo y una rica tradición de enseñanza primaria y secundaria. La mayoría de edad intelectual de Salto quedó consagrada por la "Revista del Salto" que dirigió Horacio Quiroga. Amorim nació el 25 de julio justo de ese año en que Salto entraba al ruedo mayor de las letras.

Las primeras décadas del siglo en Salto marcan una actividad cultural destacada, con estrenos teatrales de significación, revistas literarias de circulación y aportes nacionales, conferencias y conciertos del Ateneo. Está, por otra parte, al día de las agitaciones ideológicas y artísticas que determinaron a la Generación del 900. Son enteramente salteños los años de niñez y adolescencia de Enrique Amorim, y será en 1916 que se radicará en Buenos Aires, ciudad que se repartirá en adelante con Salto y Europa su presencia.

Salto le aporta a Amorim esas imborrables impresiones que se llevan como tesoro congénito: sus paisanos, las cerrilladas, la vida en la estancia, los arroyos, el compañerismo de los juegos y las primeras letras. El paisaje ciudadano de Salto por aquellos años debe acercarse mucho a los detalles y el tono de la romántica exaltación de José Pereira Rodríguez: ''¡Salto de ayer! El de las silenciosas calles, plateadas por la luna en las noches nupciales de la primavera, con las cavernas profundas, grutas encantadas, de tus zaguanes enrejados y tus amplios y floridos patios, verdes de calagualas colgantes, rumorosos de abejorros a la siesta y fragantes de jazmín o de oleofraga en las tardes tibias, encantadoramente plácidas". (...) "¡Salto de ayer! El de los días de carnaval pueblerino, con alegres comparsas callejeras, con batallas de flores, con desfiles pintorescos y con riñas de palos entre 'vascos del Saladero' y gauchos de las 'Cuatro Bocas', bajo un sol africano". (...) "¡Salto de ayer! El de las retretas aldeanas y primaverales con desafinaciones ejecutadas por los artesanos de la banda de música del 'Siamo Diversi' mientras cantaba el tropel de niños alegres canciones y paseaban sus esperanzas las muchachas casaderas". (...) "¡Salto de ayer! El de las rubias mieles y los frescos pámpanos; el de las carreteras arboladas y de los arroyuelos serpenteantes; el de las calles empinadas y de las barrancas sobre el río; el de la evocación y el recuerdo; el de siempre!" (Fragmentos de "¡Salto de ayer, de hoy y de siempre!", prólogo a Cuaderno Salteño, Montevideo, 1942).

Amorim le devolvió a Salto su obra, pero además, una indeclinable acción de animador cultural. Desde el diarismo, desde su aporte a la fundación de la Institución Cultural "Horacio Quiroga", su participación en iniciativas tales como concursos literarios y homenajes a escritores, hasta la donación de la casa materna para sede del Museo Histórico, se yergue su figura insoslayable en la historia cultural de Salto. No pocas veces chocó con el ambiente social; Amorim viajó repetidas veces a Europa -nueve oportunidades-, y no es difícil imaginarse la desproporción de inquietudes y posibilidades con que se encontraba a cada retorno. Y no fue un conformista; en todos los órdenes luchó, por eso su postura de agitación: "Este es un pueblo en el que nunca ha pasado nada, y me temo que jamás sucederá en él nada digno de mencionarse, nada memorable. Fundado por desconocidos, extraviada su documentación, desvanecido su pasado, casi un centenario, en hechos completamente idiotas... ¡aquí no puede pasar nada, nada, nada!" Así se expresa un personaje de, "En Colinas no pasa nada" (Contenido en Después del temporal) y Colinas es el alter-ego de Salto, compuesto a lo largo de varias narraciones.

Y donde no pasa nada, hay que poner poesía y múltiple creación. Amorim agitó a Salto con su literatura. "Era en 1942 -cuenta José Pereira Rodríguez- Amorim nos escribió para asociarnos a una cruzada poética. Se proponía publicar unos cuantos poemas -todos ellos salteños- bajo el título "Cuaderno salteño" y como "Guía poética ilustrada". Los poemas iban a ser ilustrados por su señora Esther Haedo, ejemplar compañera y admirable esposa. El libro debería llevar un prólogo-que nosotros escribiríamos – "lleno de la poesía de Salto". A todo ello se agregaría esta particularidad: los poemas, las ilustraciones, el prólogo no lucirían nombre de autor. El escritor quería que sus poemas apareciesen sin nombre, para que no fuesen adjudicados a persona alguna, y resultasen, así innominados, "estrictamente de Salto, como sus atardeceres...." Nos pareció atrayente y simpática la iniciativa, y escribimos el prólogo romántico que se nos solicitara. En agosto de 1942 apareció el libro, bellamente impreso, anónimo". (Revista Nacional, Nº 205, jul-set. 1960).

Amorim se compone como la sumatoria de paisajes: el campo y sus rancheríos aislados, la ciudad pequeña y su vida de estudiante, el cosmopolitismo de Buenos Aires y Europa que no alcanzó a plasmar en buenas novelas, y una década final de ahincado trabajo enteramente salteña. La psicología puede fundamentar con facilidad que la primera etapa salteña fue la decisiva y determinante de su espíritu creador.

En 1958 Salto le tributó a Enrique Amorim una semana de homenajes. En esa ocasión, entre otras reflexiones dijo: "El hombre vive monologando o en perpetuo diálogo con sus amigos. Un homenaje implica cientos de diálogos aclaratorios, argumentaciones oportunas. En ese campo, en ese agitar del trigo, queda la buena semilla. Aventado el grano, unos buenos amigos cumplen con una necesidad casi orgánica de vivencia. Que les haya hecho a ustedes todos, tanto bien como a mí, éste, llamémosle homenaje, hecho a punta de amistad como se ganaron batallas a punta de lanza y gané mi crédito de salteño a punta de verso" Estas palabras indican el lugar central que tuvo en su vida la amistad, solo comparable al que tuvo el valor de la fraternidad como propuesta dentro de su literatura; e indican asimismo, la temática recurrente de su poesía.

A 25 años de su muerte, en 1985, otra vez el Ateneo de Salto oyó las voces de homenaje. En esa ocasión hablaron en sucesivos días, el novelista Alfredo Gravina y los profesores Leonel Carvalho Orcasitas sobre su poesía y Altamides Jardim sobre su narrativa. El poeta y pintor Artigas Milans Martínez le dio voz a sus poemas.

Enrique Amorim murió en Salto el 28 de julio de 1960, en su célebre casa "Las Nubes". Entre los versos de "La Lectura" se encuentra este epitafio, calificado "inexcusable":

Se llevó las razones en un puño
puede que entre las sombras del terruño
alguna tarde se levante y hable.

 

Las Nubes, casa del escritor en Salto

Las Nubes, casa del escritor en Salto

       
 

 

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