Por Jorge Arbeleche
Cada bote en su río es el último libro del prolífico Leonardo Garet, que vuelve a ser, como en sus anteriores trabajos, profundamente original. En pocas pero intensas páginas Cada bote se refiere a las relaciones del autor con su río, que nada tiene que ver con aquella “Serpiente azul de escamas luminosas”, de Juan Zorrilla de San Martín.
Cada bote en su río es un libro rotundo, eficaz y original. Está dividido en tres partes. En la primera registra sensaciones, pensamientos, reflexiones metafísicas.
En la segunda se instala “mirando la pared blanca”, que es mirando el mundo, el aire, el ser de las cosas. El río que antes estaba en consonancia con el poeta ahora es más bien su enemigo. Dije que era rotundo y eficaz pensando que cuando aparece la violencia del río hay verbos de violencia y arrebato.
En la tercera se refiere a la creciente del río y lo hace con la maestría de aquel libro del 59 de Washington Benavides. Sería interesante establecer un paralelo entre los dos libros, porque no le va en zaga ninguno a la calidad del otro. Los dos están en alta temperatura lírica.
A Cada bote en su río no le sobran ni una coma, ni un adjetivo, ni un verbo. Cada una de sus partes tiene su propio vocabulario y se instala así entre los mejor de este alto poeta uruguayo.