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                                                    ESFERAS

 

No te maravilles de lo que te digo.
Os es necesario nacer de nuevo.

San Juan, 3: 7

Y me duermo en un cielo transparente
como de almendro.

 

Las esferas transparentes y con esquivos reflejos de colores, más altas que un hombre, dominaban el espacio verde como burbujas, o telarañas. El pasto no crecía más que para cubrir la tierra con un verde intenso, de mesa de billar. Oliverio entraba en una esfera y caminaba, desplazándola. Caminando en una y otra dirección formaba figuras distintas todos los días. Los vecinos que no hace mucho habían podido entrar a su jardín de muros poco amigables, contaban que realizaba lentos ejercicios adentro de las esferas, estaba inventando un nuevo juego, o estaba loco. Siempre había sido raro - razonaban- recuerden aquella costumbre suya de pasarse mirando el cielo y su frase dicha cuando no venía al caso: “El alma se puede alejar del cuerpo y habitar en espacios perfectos”. No se sabe desde cuándo empezó con el asunto de las esferas, como pelotas de fútbol primero, formando en el jardín matorrales novedosos. Después aparecieron las esferas gigantes y nadie supo quién se las hacía, ni con qué materiales. Se multiplicaron hasta que parecía que ya no habría lugar para otra. Fue un tiempo de apogeo, una fiesta de colores y formas circulares. Que se supiera Oliverio no profesaba religión alguna. Creía, en cambio, que las esferas respondían a una fuerza superior. “El viento no las afecta; se mueven con el aliento del sol”. Poco a poco y de forma casi imperceptible las esferas fueron disminuyendo como si las pusieran una adentro de otra, o el viento las convirtiera en una chispa de agua. Hasta que quedó una sola. A nadie extrañó demasiado que Oliverio abandonara su casa y se instalara adentro de la esfera solitaria. Alguien pudo darse cuenta que Oliverio cantaba y la esfera se balanceaba. Un día simplemente el espacio estuvo completamente vacío, verde, de mesa de billar. Abandonada la casa y desaparecidas las esferas. Demás está decir que nadie volvió a ver a Oliverio.   

 

       
 

 

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