En vuelo sobre la casa del río

 

Una lectura de Entre la noche y el luminoso mar, de Leonardo Garet

(Publicaciones La casa del río, 2020)
 

 

 

En El arco y la lira (1956), Octavio Paz enseña que la poesía crea lo “que antes no existía sino como amenaza, vacío y caos.”  En su poesía, de largo itinerario como su narrativa y su obra crítica, Garet indaga y administra esos insumos existenciales en el marco de la topografía de su ciudad natal y del río que la bordea y la define (como anota Juan de Marsilio desde el prólogo, “entre una inmensidad que se presenta caótica (…), para darle sentido, mientras sea posible”), tejiendo un entramado de sueños, visiones, pensamientos y recuerdos, desde el patio de la casa que habita junto al río.

Entre la noche y el luminoso mar discurre sobre las ausencias: la madre (“Y si digo tierra entiéndase los huesos de mi madre”), las aves del río, “el hombre que se aleja” -el mismo poeta itinerante-, o las propias cosas que “nos dicen adiós”, por su naturaleza pasajera y por el propio hecho de acompañarnos en nuestra existencia. Y sobre las presencias: el amor, el cuerpo y el sentido de la poesía, su constancia y sus perennes huellas: “Tocando los bordes de la poesía / de madera quemada / se marcan las cruces”. (También eran “poemas quemados” los que el poeta buscaba en Máquina final, aquel poemario de 1977 con apuntes surrealistas, cuya entropía de sentido parecería matriz formal de posteriores versos, forjados entre cierto hermetismo y cierta transparencia).

En la obra poética de Garet, los elementos de la naturaleza están en correspondencia con la conciencia del cuerpo y del paisaje vital, como en la sinécdoque de la columna con la que comparte la misma “soledad del anacoreta” (poema 15); o su pertenencia a la sustancia del árbol -“los bordes de la poesía / de madera quemada” (11)- o, aun caído, su persistencia “en el sueño que desanda ramas imaginarias” (9).

En Salida de página, título del libro de 2001 (con reedición, junto con Velo de armas, en 2003), y también título de varios poemas homónimos que lo integran, plantea el riesgo y el propósito del verso, porque la realidad es como el mítico lecho de Procusto para el poeta solitario: “la jaula de la página se sacude / con las convulsiones de la palabra” (Salida de página 3). “El mundo quiere entrar en un verso / y el verso salirse de sí mismo (Salida de página 4). Y luego la poesía, como Teseo, vindica ese lecho, y ordena “el vacío y el caos” de esa realidad: “una palabra afuera de la página / tomando su cuerpo verdadero” (Escrito en el cuerpo, de Vela de armas).

Y si en este nuevo libro, las cosas aparecen, desaparecen, “nos llaman” o “nos dicen adiós”, y finalmente ordenan “un mapa del ser” (poemas 12 y 13), ya en Salida de página el sostén ontológico de las cosas estaba en correspondencia con las respuestas del lenguaje: “Te queda la piedad de las cosas / domésticas”, “buscando las cosas vestidas de palabras / buscando las palabras parecidas a cosas”.

La noche y el luminoso mar son coordenadas para ubicar la casa del poeta. Y él, como las cosas, también aparece y desaparece en el horizonte del sujeto lírico: por momentos sobrevuela su lugar en un tiempo indefinido y con cierta perplejidad (“una cruz recorre mis recuerdos / y gira como una llave / preparando el vuelo”, poema 11), o se instala con su testimonio poético en medio de la peripecia, para fijar instantáneas o estampas de trozos de la realidad (“El árbol se cayó en la esquina”, 9; “una ventana que da al río / se cierra de golpe”, 4). Y así, su poética resulta tan figurativa y asertiva, como abstracta y conceptual.

Seguramente el poeta continúe escribiendo desde el patio de esa casa, bajo la parra habitada por leyendas y coreutas antiguos con los que dialoga en su libro Patio, de 2012: “patio puro y solo / creo en tu vida de aire / tu silencio / de piel cuadriculada / tu aleteo de mariposa / que sostiene desde adentro / la casa”.

Patio, epítome de la soledad, breve plaza de la casa. “Los siete patios” del poema Bandera ¿serán los patios del Hotel Concordia? No: “Patio entra nada más / Que en su propio nombre”. En ese libro, junto a la serie Patio, alterna notas sobre un viaje espiritual, metafísico, la serie Viajes, que anticipa los que luego registrará en Ciudades, de 2017, con su extensa singladura y su retorno gozoso a su río. Y allí se preguntará: “Y Salto / ¿existe?”.

En su nuevo libro está la respuesta: Salto está entre la noche y el luminoso mar, en su casa junto al río de los pájaros, en su patio con las paredes hacia el cielo, y la vislumbra desde su “altísima silla” de poeta.

 

Mariella Nigro

Mayo, 2021

 

 

 

 

 

 

 

 

Obras referidas

Octavio Paz: El arco y la lira (La revelación poética). F.C.U., México, 1996.


Leonardo Garet:

Entre la noche y el luminoso mar. Publicaciones La casa del río, 2020.

La máquina final. Ediciones de la Balanza, Montevideo, 1977.

Salida de página. Reedición junto a Vela de armas. Alción, Córdoba, Argentina, 2003.

Patio. Yaugurú, Montevideo, 2012.

Ciudades. Antítesis, Montevideo, 2017.

       
 

 

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