“Una vara de almendro” - 4

Por Mons. Pablo Galimberti

Mons. Pablo Galimberti

Perder y reencontrarraíces
En las primeras visitas que hice a Vallo della Lucania, lugar de mis antepasados por el lado de mi abuelo materno, me señalaban a mediana altura un antiguo santuario donde cada año suelen peregrinar. Simboliza las raíces espirituales de un pueblo.
Pero concuerdo con el historiador Christopher Dawson que las civilizaciones han olvidado sus raíces perdiendo su carácter sagrado. Desde otra perspectiva, el relato de Garet explora alrededor del perder y reencontrar raíces. La página bíblica (Ezequiel cap. 37) que inspira el relato, se zambulle en una de las visiones más sorprendentes del profeta Ezequiel, la de los huesos secos.
No basta sólo con hacer caer en la cuenta a sus paisanos de que estaban como muertos. Ya habían comenzado a experimentar la muerte desde el momento en que fueron desplazados de su tierra y se había completado con la noticia de la destrucción de Jerusalén y de su templo. Pero no era el final: de ese cadáver que es ahora Israel, Dios hará florecer de nuevo la vida; será una obra exclusiva de Dios, de su Espíritu que es vida y que sólo puede transmitir vida.
El mismo espíritu que aleteaba sobre las aguas antes de la creación será quien puede devolver la vida a Israel, mostrando a sus paisanos que estaban “muertos”. De ese cadáver que es ahora Israel, Dios hará florecer de nuevo la vida. Este mensaje es el que hace a Ezequiel el profeta de la ruina y de la reconstrucción. Con sorprendente habilidad Garet conecta la escena bíblica con una rueda de boliche anónimo de campaña.
Alguien llega y comenta que “venía del valle de huesos y que cuando se le aclararon los ojos descubrió una planicie erizada de huesos a flor de tierra, que parecían un monte recién talado.”Asombro y algunas palabras esbozando preguntas. Algunos manejan la hipótesis de una peste que se veía venir por el estado de los campos y arroyos contaminados. Otros opinaban que eso era previsible que ocurriera.
Cuando se hizo silencio las miradas se volvieron al recién llegado como para evaluar pérdidas y le preguntan de qué animales eran los huesos. Y para perplejidad de todos, el hombre contó “que ayer él se había levantado y terminado de formar, como cuenta el profeta.” Se refiere a Ezequiel, llevado por Dios a un valle lleno de huesos resecos para hacerlos revivir. “Huesos secos, escuchen la Palabra del Señor… Yo les voy a infundir espíritu para que revivan. Les injertaré tendones, les haré crecer carne… y les infundiré espíritu para que revivan… Pronuncié el llamado y revivieron y se pusieron en pie” (Ezequiel cap. 37). El pueblo exiliado era como un cadáver, pero Dios hará florecer la vida.
¿Quién no sueña con “novedades” en medio de calamidades, pandemia y muertes? Sospecho que hay una gran diferencia: para unos, luego del coronavirus basta lo urgente: estabilidad laboral, clases presenciales, unos días en las termas y las preocupaciones se olvidarán.
Sospecho que Garet apunta a una conexión vinculada con el descubrimiento de la fuente, capaz de alejar las tristezas oscuras y profundas. “Qué bien se yo la fonte que mana y corre, aunque es de noche” decía un poeta español.
Todos podemos rescatar energías esperanzadoras. El “renacer” es una invitación. La respuesta de Jesús a Nicodemo fue: “Te aseguro que, si uno no nace de nuevo, no puede ver el reino de Dios. Le respondió Nicodemo: ¿Cómo puede un hombre nacer de nuevo siendo viejo? Te aseguro, respondió Jesús, si uno no nace del agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios” (Juan cap. 3).

Publicado el jueves 25 de Marzo de 2021 en Diario Cambio

       
 

 

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