Los hombres del fuego. Leonardo Garet, Cuentos,
Ed. de la Banda Oriental, Montevideo, Uruguay, 1993.

 

Revista Ars,  de El Salvador

Es, Leonardo Garet, un joven narrador uruguayo de una fantasía rara. Su lenguaje es escueto, no abunda en la frase propiamente poética, pero, bajo sus líneas, va navegando una realidad poética, como un río subterráneo.

 

Los hombres del fuego es un conjunto de relatos. La primera y más extensa parte, sucede en un pueblo imaginario. Desde la Utopía de Tomás Moro, pasando por los mundos de Gulliver, hasta Macondo, son incontables los feudos de la imaginación en la historia de la literatura. El último citado, por cierto, es decir, Macondo, ha contado con una cantidad de imitadores igualmente numerosa. Cuando un autor alcanza a la par la altura y el éxito de Gabriel García Marquez, es prácticamente inevitable que no opaque a más de una imaginación, que sin su presencia, acaso, hubiera podido desarrollarse de un modo más personal. A cuantos opacó Darío, a cuantos Neruda... Las cimas de la escritura suelen arrojar una sombra forzosa. Pero no ha caído sobre Garet, como acertadamente lo señala el prologuista del volumen, Elvio Rodríguez Barilari.

 

Revista Ars,  de El Salvador

Los habitantes es del pueblo fabulado por Garet, El Talado, son latinoamericanos, aunque no estamos muy seguros. Constituyen, en todo caso, una civilización arcaica, que tiene tras de si otra más arcaica aún, de la cual quedan pocos vestigios, que a ellos mismos les resultan difíciles de comprender, y que escudriñan con fervor y respeto. Viven en un espacio desértico, donde la muerte de los pocos árboles constituye una catástrofe, y la prueba de una culpabilidad de la comunidad. Hay en este desierto estrictas normas, muy antiguos tabúes, y bajo sus pies se extiende un espacio de cuevas subterráneas donde habitan ominosos demonios. Poseen, los hijos de El Talado, un libro donde están asentadas las palabras del viejo, y es el viejo un ser mítico que encarna la sabiduría de la tribu, y que existió en un tiempo remoto. En ese libro está la esperanza, pues augura un rio que los redimirá del desierto, y aunque ninguno haya visto un rio, los asiste la convicción de ese futuro, como su bondad.

 

Se suceden escenas que llamaríamos surrealistas si no se explicasen, por la vía del mito. Leamos una de las estampas de los hombres del Fuego.

 

RICARDO LINDO
REVISTA ARS núm. 4. Segunda época,
Dirección de Artes San Salvador, EL SALVADOR, 1994

       
 

 

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