LA POESÍA RECONDITA DE LEONARDO GARET

 


Al padre, a Garet Mas, le conocí. Amigos entrañables, él me admiraba y me quería, y yo 

lo quería y le admiraba a él. Espíritu sereno el suyo, era todo bondad. Me recordaba siempre a Antonio Machado y no famoso verso al respecto. A Garet Mas le conocí, a su hijo, a Leonardo, no le conozco sino a través de esta obra literaria, brevísima por el número de páginas, pero grande, se me antoja, en su metafísica, a la que no llego a veces: "Pentalogía". ¿No llego yo a ella o no me llega ella a mí?


Recuerdo, al escribir estas últimas palabras - "estos últimos vocablos", me corregiría 

Azorín''-a un profesor, a un espécimen francés, antiespañol en esencia, presencia y potencia, de esos que creen -y pregonan- que los españoles "no sabemos otra cosa que torear, tocar las castañuelas y comer cebolla", al decir de su polo opuesto: el Provisor del Liceo Nacional de Marracq, en Bayonne, que había sido antes director del Liceo Francés de Madrid. El atrevido galo nos mostraba, cierto día, un lujoso libro de gran formato con reproducciones de cuadros de Picasso, el malagueño universal. (Creo haberlo contado ya. No Importa Dejad que me repita- generalizar es pecar; repetir, no).


¿Y a esto lo llaman pintura? ¿Que éste es un pintor? Vamos, vamos, no quieran tomarnos 

el pelo -mascullaba en la Sala de Profesores, mirándome de reojo.


(La verdad: sus compatriotas ni le hacían caso. Disimulaban como podían).

Su retahíla no tenía fin. Yo, al cabo, me sublevé.


Mire, señor -le contesté- A mí no me llega Picasso. Prefiero a un Velázquez, a un Goya, a 

un Rembrandt, a un Poussin, a un Rubens, a un Greco, a un Le Nain, por no ir más lejos. ¡Hay tantos!....

¡Oh, aquel divino Miguel Ángel! Ahora que, de eso, a negar al genio de Picasso... ¿No estará usted insultando a tantos franceses y no franceses que dan millones por sus lienzos?


Ni rechistó. Cerró el libro y se fue. ¿Iba él a gastar saliva por mor de un "comecebolla"?


La pintura tradicional -para cuya explicación se basta ella sola, no tenemos que suponer 

lo que esto o lo otro significan; con Picasso hay que hacerlo: pongamos en la mira a "Guernika", por ejemplo- la pintura tradicional nos conmueve, y el asombro surge espontánea a instantáneamente. Lo mismo ocurre con la poesía. ¿Existe grandeza en la de Leonardo Garet? Existe, reitero. Solo que hay que buscarla, hay que tantear, hay que probar, hay que preguntarse y responderse. Uno lee "Hiroshima". Lo relee y lo relee...

 

Cabría preguntarse por la larga eyaculación de sangre
en escalinata de ciegos al delta de los presentes .

 

Son veintitrés versos de este tono. Precísase zahondar en las metáforas, en todas las figuras retóricas, interrogarse, volverse a interrogar. Y se duda. Mas, al fin, el mensaje surge. O sospechamos que surge. Vemos a Hiroshima bombardeada salvajemente, vemos mares de sangre, montones de cadáveres, cuerpos

 

amputados, ultrajados, deshechos
con su mudo decir irremediable

 

"Hiroshima tarda en metérsele a uno en el alma, pero se le mete. Cual sucede con el

"Guernika" picassiano. En fin de cuentas, simbolizan dos crímenes horrendos. Y para que nadie tenga nada que echarse en cara, el primero llevado a cabo por los campeones de la democracia y, el segundo, por los del totalitarismo ("La falla está en el hombre". Tal el título de una de mis últimos artículos. ¿Se acuerda el lector?).


Menos arcánico es este otro poema sin título - y, como todos, por supuesto, sin 

puntuación, salvo en ocasiones y no en ésta, la del punto y seguido, y, claro, la del punto final- menos arcánico -se me ocurre a mí -y más optimista, a pesar de su alusión a la macabra cigüeña:

 

El perfume de la rosa
oculta las espinas
y el viento es un puñado de pájaros

nació primero el beso
para que no fuera terrible la boca

y antes que nada el hombre libre
para romper después las cadenas

existió primero el hijo

para que no se sintiera solo

el padre

y la muerte es la mensajera
la única cigüeña de la vida.

 

(Copio textualmente, y, lo confieso, tengo que reprimirme para no puntuar yo).

 

¿Poesía libre? ¿Verso libre? ¿Expresión obstinadamente cerebral? El padre era su antípoda. Yo rastreo en Leonardo Garet algo indescifrable, algo hermético, sutil, elocuentemente encerrado en sí mismo. Leerle ha sido para mí un ejercicio. Penetrarle -si es que le he penetrado- una gimnasia mental. Los cinco "Momentos" que cierran el volumen estimo que constituyen el punto cimero de Garet. La estrofa postrera del V. ¿no da acaso su medida?

 

Y vemos al sol

copiar el desgarramiento del sauce

cuando se reclina
silbando nostalgias de sus flores verdaderas.


Inmenso fresco de ciudad y campo
mural sin tiempo
con luz de nadie
una nube antes de la noche.

 

F. Contreras Pazo
Crónicas Culturales
"El DIA" - Montevideo, 5 de marzo de 1989- Nº 2873

       
 

 

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