Lo que se mira y lo que se ve
(sobre El ojo en la piedra)

 

Jorge Albistur

Brecha, 6 de mayo de 2011.

EN POEMA EMBLEMÁTICO del conjunto, Rodrigo de Triana –el encargado de anunciar la llegada a tierra, en el viaje de Colón- avista aquello que lleva en la imaginación y el deseo, de modo que las Indias toman la forma de una casa y una muchacha. El asunto central coincide con lo que el hombre ve: es decir, algo que no necesariamente coincide con lo que el hombre mira. Quizá para mejor subrayar esta autonomía relativa de lo íntimo –“el mundo se torna sueño, el sueño se torna mundo”, de la célebre cita- el ojo percibe antes que nada piedra: lo más inexpresivo y rígido, lo aparentemente menos significativo y menos propicio para disparar las libertades del espíritu. Acaso también para destacar la riqueza de estas aperturas se muestra, en la carátula, ese basalto hallado en el río Uruguay tan parecido a la piedra tallada, y donde la naturaleza se ha esforzado por alcanzar el lenguaje del arte.
Si es éste, efectivamente, el centro del libro, no ha de extrañar que los primeros poemas –sobre todo el cuarto- propongan la perspectiva de una mirada alta, como por fuera y por encima del mundo, “mirando las ropas llenas de cuerpos/ que se mueven normalmente”, hasta descubrir “que todo/ es un cuerpo sin líneas divisorias”. El noveno poema resulta también unidad clave: el que pisa la uva caminando sobre una rueda, en trágica inmovilidad, y el judío errante que recorre el planeta están, sin embargo, unidos; el peregrino tampoco tiene ojos y su viaje pisa igualmente sobre una misma rueda. La meta es el horizonte –parece decir Garet- y el horizonte está en el interior de cada hombre.
En cierta composición sobre Cleopatra, y ahondando en otro de sus motivos esenciales, Garet sugiere que el hombre mide su temporalidad no por lo que ha hecho, sino por lo que todavía no ha conseguido llevar a cabo. Esa angustia explica tal vez la vida del autor, gestor cultural desvelado siempre por una labor que parece empresa para más de un hombre. Oportuno será dar cuenta del estado actual de uno de sus mayores emprendimientos: la Colección de Escritores Salteños llega al volumen 18 de los 20 programados. El más reciente está dedicado a la obra de Víctor Lima bajo el título Con guitarra y sin guitarra. Allí se recogen, anotados y precedidos de un buen estudio, los textos de quien fue no solamente un cantautor sino un verdadero poeta.

       
 

 

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